• El año en que me hice ubuntero

    por  • 15 mayo, 2017 • MuyLinux • 0 Comentarios

    24_xenial_xerus_by_sylviaritter

    Que no cunda el pánico. No os voy a contar ninguna batallita del pasado más remoto, aunque algo de batallita sí que hay. Y por otro lado, a nadie que siga a MuyLinux le sorprenderá saber que aquí somos pro-Ubuntu. De siempre. Por lo obvio: este sitio va de Linux en el escritorio, GNU/Linux de PC… Como lo queráis llamar. Y Ubuntu, sobra señalarlo pero aun así lo haré, es la distro número uno desde hace más de una década y, por lo tanto, la que más noticias de interés genera. Pero las últimas noticias no han sido buenas y el ambiente se ha enturbiado.

    Recuerdo por qué le damos tanta cancha a Ubuntu porque de nuevo -aprovechando que la actualidad no ha dado tregua- han aparecido los típicos comentarios de que si “hay más distros” y tal. ¡Pues claro que hay más distros! Pero Ubuntu es la más importante a nivel mediático. Tan sencillo como eso. Dicho lo cual, desde los tiempos de Picajoso que no hay un editor ubuntero en MuyLinux. Qué cosas, ¿eh?

    Eduardo Medina ha usado Ubuntu de vez en cuando, yo también… Pero lo que se dice ubuntero de raza, de tradición, ninguno lo somos. O mejor dicho, ninguno lo hemos sido. Me refiero explícitamente a Ubuntu en su edición principal, con ese Unity que ya no va a dar más de sí tal y como lo conocemos. Sin embargo, ha sido Unity el que, en su última etapa, se ha ganado mi atención. Vamos, que lo llevo usando como sistema principal -nunca único- desde que salió Xenial Xerus.

    Poco después del lanzamiento de Ubuntu 16.04 hablé en estas páginas sobre la estabilidad del sistema… o la falta de ella. Algo que quedó solucionado hace mucho. Quizás Ubuntu no sea la distribución más estable del panorama, pero cuando una LTS recorre sus primeros compases se le pueden poner pocas pegas. Por ejemplo, a partir de Ubuntu 16.04.1. Si no estás de acuerdo, o tienes un problema específico, o te falla la percepción.

    Un poco después de ese artículo publiqué otro cuyo título no engaña: Unity con el lanzador abajo es otra cosa. “Creo que sin esta opción para poner Unity con el lanzador abajo no hubiese aguantado tanto” dije entonces, y ya va para un año. Puede parecer una tontería, pero ese fue el detalle que me llamó la atención para volver a usar Ubuntu de nuevo y nunca había aguantado tanto con esta distro al frente de mi PC (ojo, los sabores oficiales de Ubuntu los he usado hasta la saciedad y lo seguiré haciendo).

    En todo este tiempo he llegado a apreciar ciertas características de Unity que me han convencido y que, considero, vamos a perder con el fin del escritorio. No veo la alternativa en GNOME Shell y lo más probable es que lo reemplace con KDE Plasma, porque a diferencia de mi compi Eduardo la experiencia por defecto de GNOME Shell me produce bastante rechazo. ¿GNOME Shell sin extensiones? No, gracias. Antes prefiero casi cualquier otro entorno de los que, afortunadamente, tenemos en Linux.

    Conste que me ha costado, pero también le he pillado el gusto a GNOME Shell. Tiene cosas muy logradas. Pero sin extensiones se queda en insufrible para mi manera de usar el PC e incluso con ellas no alcanza el nivel de personalización que se encuentra por defecto en Plasma, Cinnamon u otros. Por supuesto, tampoco necesito que ningún autoproclamado gurú de la ergonomía me dé lecciones. Si quiero restricciones ya me paso a Windows o Mac.

    Voy cortando el rollo. Espero en breve publicar algún artículo (mucho más interesante que este, lo prometo) sobre algunas de las cosas que menciono de pasada porque el esfuerzo de los desarrolladores de Canonical lo merece. Así que todo este galimatías sin sentido aparente solo tiene una excusa: proclamar que el año en que me hice ubuntero ha pasado y seguramente no volverá, pero lo sigo disfrutando. Hasta cuándo es otro cantar.

    Artículo original: El año en que me hice ubuntero

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