Mi año hueco (juegos recomendados)

El primer artículo del año va a ser de carácter personal, pero nos va a servir para abrir un 2026 en el que los juegos van a tener un papel predominante en MuyLinux. Mucho más de lo habitual, porque como sabéis, Linux se ha asentado como plataforma de juegos y esto apenas acaba de comenzar. Mientras tanto, vengo a hablar un poco de mí, pero para recomendar juegos, que estamos en víspera de la fiesta de Reyes y el tema le va como anillo al dedo.
En resumen, se ha acabado 2025 y tengo que decirlo: ha sido un gran año de juegos. No solo para Linux, que también, sino para mí, jugón empedernido desde tiempos pretérritos, abocado ahora a una vida de responsabilidades que no me deja espacio para mucho en ese sentido. Y, sin embargo, 2025 ha sido uno de los años recientes que más juegos he disfrutado. Pero hay dos que me han entusiasmado muy por encima de lo esperado. Por eso declaro 2025 como mi año hueco.
Vengo a hablar de videojuegos, además, en plan distendido. Le hemos dado bola al asunto y, como digo, este año y irá a más, por una sencilla razón: los juegos en Linux son tendencia tecnológica y, con sus matices y excepciones, que decía el otro día, la realidad de jugar en Linux en 2025 nada tiene que ver con la de hace dos, tres o más años. Mi realidad es distinta, y es que tengo que escoger muy bien en qué me meto porque mi tiempo libre es finito… aunque al final suelo caer en lo que surja por el motivo que sea.
Me sucede siempre lo mismo y supongo que a muchos de vosotros también os pasará: tengo una interminable lista de juegos pendientes, pero acabo jugando a lo que en un momento determinado me entra por el ojo, algo que empiezo a probar por curiosidad y me engancha… Que 2025 haya sido un gran año de juegos para mí, viene un poco dado por cómo acabó 2024, ya que después de varios años jugando principalmente en consola, regresé de lleno a PC. Eso sí, jugando a lo que me apetecía: estoy no es un repaso de novedades, títulos populares o algo parecido. Advertido queda.
Además, cuando hablo de jugar, me refiero a jugar de verdad, hasta acabarme los juegos. Nunca como antaño, porque mis circunstancias vitales son otras, pero… Se entiende ¿no? Lo matizo, porque en 2024 jugué a más cosas, pero de manera más espaciada. Por ejemplo, me pasé Ereban: Shadow Legacy (aventura de ciencia ficción con fuertes dosis de plataformas y sigilo y un desarrollo muy entretenido), Greak: Memories of Azur (metroidvania de excelente factura artística, lastrado por un diseño de juego que no está a la altura… y aun así me gustó) y Nikoderiko: The Magical World (plataformas 3D de la vieja escuela el más puro estilo de Donkey kong Country o Crash Bandicoot… ¡recomendadísimo!).
Terminé el año con A plague tale: Innocence (aventura de supervivencia en la Francia medieval con mecánicas de sigilo, una historia interesante y una excelente ambientación… pero ¡juégalo con las voces en francés!), uno de los títulos de mi lista que me entró al instante y que, pese a algunas mecánicas un poco duras, me gustó mucho. Algún día jugaré la secuela. Así acabé el año y me despedí de los juegos por una temporada, o eso creía, pues volver a jugar en PC después de tanto tiempo me abrió el apetito.
Y, ahora que lo pienso, 2024 no fue tampoco un mal año. De ahí para atrás sí que hay una sequía considerable: la tónica era dos o tres juegos al año y ya podía estar contento.
Sé que contar las cosas así generará opiniones a uno y otro extremo: del «eso lo juego yo en mes y medio» al «perdiendo el tiempo en jugar…», pero es lo que hay: siempre he jugado, me gusta jugar y lo hago en la medida de lo posible y apetecible, que esa es otra. Porque me gusta hacer muchas otras cosas. También habrá muchas opiniones que coincidan conmigo: la vida moderna, la llaman. En todo caso, completar cuatro o cinco —buenos— juegos en un año es para mí un logro.
De hecho, es muy normal que pruebe juegos habitualmente, a ratos sueltos, que es como enfoco mis sesiones también, porque vivimos en la época de la abundancia y si algo no falta en estos días, son juegos. Tengo juegos comprados a su precio de salida, rebajados poco o mucho, regalados… No me acabo mi colección ni en varias vidas. Tampoco lo pretendo. Pero es el motivo por el que al final juego a lo que me rota, y no a lo que tenía «pendiente».
He llegado también a un punto en el que, siendo como soy un «completista», si el juego no termina, me aburre o me frustra por la razón que sea, lo abandono sin remordimiento alguno… O lo dejo para otro momento en el que me apetezca, si es que es uno de esos títulos que se puede retomar en un futuro cercano sin tener que empezarlo de nuevo, o es de avance rápido. Mi tiempo es oro y si juego a algo, es para pasármelo bien.
Total, que después de un 2024 bastante decente, me adentré en un 2025… sin expectativa alguna, pero con un gusanillo descontrolado que me llevó a ir probando títulos sueltos, hasta que di con Planet of Lana, un sencillo juego de aventura, plataformas y puzles que, sin embargo, me enganchó desde el primer minuto. Este lo tenía en GOG y lo jugué desde Heroic Games Launcher, por supuesto. Muy fácil, muy corto… pero muy agradable. Su banda sonora ya forma parte de mi colección (a todo esto… recomiendo casi todas las bandas sonoras de los juegos que menciono, son de un gran nivel y para estudiar o trabajar son lo ideales).
Pero me dejó con ganas de más. En general: algo más largo, más intenso, más desafiante… Y ya en marzo, comencé una partida de Celeste, todo un clásico moderno que tenía por Steam desde hacía años, pero que no me atraía mucho. Además, las pocas veces que lo intenté —motivado por las pasiones que levante este juego entre mucha gente— lo dejé al rato en absoluto convencido de sus virtudes. Y a mí me encantan los juegos de plataformas, en 2D, en 3D… Si son buenos, como sean.
Pues bien, en esta ocasión me metí de lleno en Celeste y… OMG! Es tan impresionante, desafiante y desquiciante como se cuenta. Si alguien no lo ha jugado y le van las plataformas de precisión, merece la oportunidad porque es un título único: la historia hila de manera original el transcurso del juego, los gráficos pixel art están hechos con mucho gusto, la música está le va como anillo al dedo… Y la jugabilidad es una locura, una vez te haces con ella. Celeste es sobresaliente.
Celeste dejó el listón tan alto que, sinceramente, no esperaba que el siguiente juego llegase a su nivel, mucho menos que lo superase, pero… caí en Hallowenest. De forma similar, además: cubrí el lanzamiento de Hollow Knight en 2018 y ya me quedé con él; mi compi Edu lo proclamó como su juego favorito ese año; me lo pillé en una oferta que no recuerdo y lo empecé dos o tres veces, para abandonarlo a los veinte minutos… Pero esa vez fue la definitiva.
Hollow Knight, para quien no lo conozca, es algo así como la nueva referencia en lo que a metroidvania se refiere, lo que equivale a decir que se trata de un juego de plataformas y acción en 2D de desarrollo no lineal. Es un título excelso en todos los sentidos. Tanto, que podría dedicarle este artículo por entero y no abarcaría todo lo que ofrece. Así que me vale con asegurar que es una auténtica maravilla que recomiendo a todo el mundo.
Pillé el juego en mayo y no lo solté hasta septiembre, aunque en mi defensa he de decir que es un título que se ha alargado a base de DLC —todos gratuitos e incluidos ya en la edición corriente del juego— y complicado de completar. Es tan así, que hay retos que ni me planteó intentar, pero los masoquistas disfrutarán con ello. Yo me conformo con completar historia, zonas y elementos intrínsecos.
El interludio lo tuve en pleno agosto con Deliver Us Mars, una aventura espacial que —junto a otros juegos— instalé en el Tuxedo Stellaris 16 solo para probar, pero me enganchó. Como alternativas tenía Indiana Jones y el Gran Círculo y DOOM: The Dark Ages, pero como es habitual que mi hijo se me úna o como poco se quede mirando a qué estoy jugando, priorizo juegos tirando a suaves.
La cuestión es que durante las vacaciones de agosto y cuando aún seguía dándole a Hollow Knight, se anunció de pronto Hollow Knight: Silksong y no tenía muy claro si comprarlo porque no es un juego ligero en su conjunto, más bien al contrario, pero dio la casualidad de que justo el 3 de septiembre me pasé el jefe final y me quedé con el vacío ese que te deja un gran juego, libro o serie de ¿y ahora qué? Y me lancé a la piscina, con la duda de si no acabaría saturado de jugar a lo mismo por tanto tiempo seguido.
Respuesta corta: no. Mientras veía a la gente bramando en redes porque se habían caído Steam y otras plataformas ante la ingente demanda, yo me compraba con total tranquilidad el juego en la Humble Store (ya expliqué por qué lo hago así), lo instalaba en Steam y… ¡magia! Increíble, pero cierto, Hollow Knight: Silksong conseguía superar al original en prácticamente todos sus apartados. Y, que haya sido así tras jugar ambos de corrido, tiene para mí más valor si cabe.
Este lanzamiento es doblemente notable porque se trata uno de los juegos nativos más populares de Linux en 2025. Por eso le dediqué una noticia, aunque me interesaba personalmente. Para describirlo me pasa como con el original: es tan bueno que me cuesta decir otra cosa: el apartado técnico y artístico es fantástico, el diseño del juego una maravilla… Solo me salen adjetivos grandilocuentes, pese a que he leído críticas sobre la dificultad o algunas decisiones de diseño, pero son matices menores en mi opinión. Obra maestra.
Entrando ya en época navideña y con Silksong casi finiquitado, pero con la racha que os estoy contando a mis espaldas, comencé a buscar lo siguiente sin demasiado entusiasmo y después de tanto indie me apetecía cambiar de tercio, pero me pasó lo mismo que ya he comentado: sensación de vacío, pereza de ponerme a bucear en mi biblioteca… No las tenía todas conmigo, así que lo dejé estar, hasta que unos días antes de Navidades vi en oferta Assassin’s Creed: Origins y cayó.
Este no lo voy a recomendar, porque aunque he jugado unas cuantas horas y está bien —y por lo que cuesta cuando está en oferta es buena compra sí o sí, tienes juego para medio año— me queda mucho por terminarlo y, ya que casi todos los protagonistas de esta lista son indies, prefiero acabar así. Dicho lo cual, funciona perfecto en Linux —siempre que las especificaciones acompañen, sobra añadir— sin tocar nada, incluyendo el engorro del Ubisoft Connect.
Mi último último juego del año… Lo eligió mi hijo para las Navidades y, pese a mis habituales reticencias, se lo permití. Y fue un acierto: Gravity Circuit es un plataformas de acción clásico que mantiene convenientemente actualizada la tradición de la franquicia Megaman lo hace con un halo de personalidad. Lo importante es que es súperdivertido, es corto pero muy rejugable… Si hubiera salido a princiios de los noventa, sería un clásico.
Hasta aquí mi 2025 de juegos. Nada mal ¿eh? Por lo menos, para mí. Y todo jugado en Linux. Sin complicaciones y con una excelente experiencia general, de la cual os contaré más detalles más adelante, ya que llevo tiempo probando muchas cosas cuyo cauce natural es este. 2026, de hecho, se presume más intenso a este respecto: solo las nuevas Steam Machines ya van a dar bastante de que hablar.
Ahora bien ¿es compartida esta pasión videojueguil con el lector de MuyLinux? Más allá de las novedades que vayan surgiendo, me refiero (hay sorpresas en este terreno incluso en los resultados de la encuesta de este año). Este es un artículo que me apetecía hacer y así ha salido, pero ya que a fin de cuentas es una lista de juegos recomendados, os animo a hacer lo mismo en comentarios y compartir vuestra lista de juegos de 2025… si es que jugáis en Linux.
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