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OpenAI cierra Sora y abandona su apuesta por el vídeo generativo

Sora cerrado por openai

OpenAI ha decidido dar carpetazo a Sora, su plataforma de generación de vídeo con inteligencia artificial, apenas unos meses después de haberla convertido en uno de sus productos estrella de consumo. La compañía detrás de ChatGPT pone fin tanto a la aplicación independiente como a las herramientas para desarrolladores asociadas, en un movimiento que supone un giro de calado en su hoja de ruta.

La empresa ha confirmado que cerrará el acceso a la app y a la API de Sora, y que también retirará progresivamente las funciones de vídeo integradas en ChatGPT. Aunque por ahora no ha detallado un calendario completo para el apagón, sí ha adelantado que ofrecerá instrucciones a los usuarios para exportar y conservar el contenido que habían generado dentro de la plataforma.

Cierre de Sora: qué se apaga exactamente

La decisión se ha comunicado de forma interna por Sam Altman y se ha hecho pública a través de la cuenta oficial de Sora en la red social X, donde la empresa publicó un mensaje de despedida: “Nos estamos despidiendo de la app de Sora. A todos los que creasteis con Sora, la compartisteis y construisteis una comunidad: gracias”. En el mismo aviso, OpenAI avanzaba que próximamente dará más detalles sobre los plazos para el cierre de la app y la API, así como sobre las opciones para preservar los vídeos generados por los usuarios.

Según han adelantado medios como The Wall Street Journal y CNN, el cierre no se limita a la aplicación móvil que se lanzó como red social de vídeos cortos generados por IA. La compañía también desmantelará la versión de Sora para desarrolladores y retirará las capacidades de vídeo que se habían integrado en ChatGPT, de forma que la marca Sora deje de estar presente como producto comercial.

De app viral a cambio de rumbo estratégico

Sora se presentó inicialmente en 2024 como un modelo capaz de generar vídeos a partir de texto y ampliar clips ya existentes. Poco después, OpenAI lo transformó en una app independiente con un feed social al estilo TikTok, donde los usuarios podían publicar y compartir sus creaciones audiovisuales. La idea era competir por la atención y los ingresos publicitarios asociados al vídeo de formato corto dominado por plataformas como TikTok, YouTube Shorts o Instagram Reels.

El lanzamiento fue sonado: en sus primeros días, la aplicación llegó a situarse en lo más alto de la App Store del iPhone en varios mercados y alcanzó cifras de descargas muy elevadas en poco tiempo. Altman llegó a animar públicamente a los usuarios a generarse a sí mismos en escenas icónicas de la cultura popular, alimentando un flujo constante de clips virales y demostraciones espectaculares de lo que podía hacer el modelo.

Consumo de recursos y dudas internas

Tras ese arranque fulgurante, empezaron a acumularse dudas dentro de la propia compañía. De acuerdo con fuentes citadas por el WSJ, en OpenAI existía preocupación por el enorme consumo de capacidad de cómputo que exigía Sora frente a una demanda que no terminaba de consolidarse como negocio claro. Generar vídeo hiperrealista en masa disparaba los costes, justo en un momento en el que la infraestructura de la IA generativa se está convirtiendo en un cuello de botella para todo el sector.

Ante esa presión, la dirección ha optado por reorientar parte de sus recursos computacionales y de talento hacia áreas que considera con mayor impacto económico a medio plazo, como las herramientas de productividad para empresas, las soluciones de programación avanzada o los llamados sistemas “agénticos”, capaces de ejecutar tareas de forma autónoma en el ordenador del usuario, desde escribir código hasta analizar grandes volúmenes de datos.

Menos vídeo y más negocio: el nuevo foco de OpenAI

El cierre de Sora encaja en una estrategia más amplia con la que OpenAI quiere simplificar y unificar su catálogo de productos. En las últimas semanas, la compañía ha anunciado la integración de la aplicación de escritorio de ChatGPT, su herramienta de programación Codex y su navegador en una especie de “superapp”, con la que pretende alinear a sus equipos en torno a una visión de producto más coherente y menos fragmentada.

En paralelo, la empresa está virando con fuerza hacia soluciones orientadas a clientes empresariales. La idea es competir de frente con rivales como Anthropic, cuyo producto Claude Code se ha convertido en favorito entre desarrolladores, y con Google, que empuja su modelo Gemini apoyándose en la potencia de su buscador y su ecosistema de servicios. En este contexto, OpenAI da por cerrado el capítulo de las aplicaciones de vídeo para el gran público y prioriza herramientas con un retorno más directo en entornos corporativos.

El papel de la robótica y la “simulación del mundo”

Aunque Sora desaparece como producto comercial, OpenAI no abandona del todo la tecnología que hay detrás. Un portavoz de la compañía ha explicado que el equipo de investigación de Sora seguirá trabajando en simulación del mundo con el objetivo de impulsar el desarrollo de robótica. La generación de vídeo se utilizará internamente para crear entornos y secuencias que permitan entrenar robots y sistemas de IA capaces de desenvolverse en espacios físicos reales.

Este giro encaja con la tendencia de dar más peso a apuestas a largo plazo en robótica y agentes que interactúan con el mundo físico. Según ha señalado la propia OpenAI, el esfuerzo de cómputo que antes se destinaba a sostener Sora como producto de consumo pasará a alimentar proyectos de investigación y soluciones empresariales que, sobre el papel, tienen más recorrido como negocio.

Acuerdo con Disney y otros socios que se quedan en el aire

Una de las derivadas más visibles del cierre de Sora es el impacto en los acuerdos comerciales firmados alrededor de la plataforma. A principios de diciembre, Disney y OpenAI anunciaron un pacto de gran visibilidad que permitía a Sora utilizar más de 200 personajes de franquicias como Disney, Pixar, Marvel o Star Wars en los vídeos generados por los usuarios. El acuerdo contemplaba además una importante inversión de capital de Disney en OpenAI, cifrada en torno a los 1.000 millones de dólares en algunas informaciones.

Con el cambio de rumbo, ese entendimiento ha quedado descarrilado. Portavoces de Disney han señalado a distintos medios que el acuerdo no seguirá adelante tras la decisión de OpenAI de salir del negocio de la generación de vídeo, aunque la compañía de entretenimiento mantiene su intención de seguir colaborando con plataformas de IA que respeten la propiedad intelectual y los derechos de los creadores. El frenazo a Sora supone, por tanto, un golpe directo a una alianza que se presentaba como emblemática en la intersección entre Hollywood y la inteligencia artificial.

Polémicas por derechos de autor y deepfakes

Más allá del aspecto económico, Sora se vio envuelta desde el principio en controversias relacionadas con los derechos de autor y el uso de la imagen. El modelo permitía generar vídeos que imitaban escenas, estilos visuales y personajes reconocibles, lo que en la práctica abrió la puerta a un aluvión de contenidos que rozaban —o cruzaban— los límites de la propiedad intelectual.

Diversas organizaciones y titulares de derechos expresaron su malestar por la facilidad con la que se podían producir deepfakes y clips que utilizaban sin permiso la apariencia de personas famosas y personajes protegidos. Activistas, académicos y expertos alertaron de que la plataforma estaba contribuyendo a una ola de “basura de IA” y a la proliferación de imágenes generadas sin consentimiento. En algunos casos, OpenAI se vio obligada a reaccionar a posteriori, restringiendo la creación de vídeos con figuras públicas concretas solo después de recibir quejas de herederos y sindicatos de actores.

Ante este clima de presión, la compañía introdujo controles adicionales para que los propietarios de contenidos pudieran bloquear el uso de su propiedad intelectual dentro de Sora y ajustó las políticas para intentar frenar los usos más problemáticos. Sin embargo, esas medidas no evitaron que la app siguiera siendo un foco de debate sobre el impacto de la IA generativa en los derechos de autor, un frente especialmente sensible en Europa por la regulación y por las reclamaciones de la industria cultural.

Presión competitiva y contexto de mercado

El desenlace de Sora no se entiende solo por las cuestiones técnicas o legales. OpenAI opera en un entorno en el que la competencia entre grandes modelos de IA generativa se ha intensificado notablemente. Anthropic, fundada por antiguos empleados de OpenAI, ha ido ganando terreno con modelos muy bien valorados por programadores y empresas. Por su parte, Google empuja con fuerza Gemini, aprovechando su ventaja en infraestructura y distribución a través del buscador y otros servicios.

A diferencia de lo que sucede en redes sociales, donde los efectos de red y la masa crítica de usuarios dan una ventaja clara al primero que se impone, en la IA generativa avanzada la brecha entre modelos punteros es menos evidente para el usuario medio. Esto obliga a OpenAI a demostrar que su oferta aporta valor diferencial en entornos profesionales y a justificar un gasto de cómputo enorme con productos que generen ingresos sostenibles, más allá del impacto mediático de las demos espectaculares.

Impacto en usuarios y desarrolladores en Europa

El cierre de Sora afecta también a usuarios y desarrolladores en España y en el resto de Europa que habían empezado a experimentar con la herramienta, tanto desde un punto de vista creativo como profesional. Para creadores de contenido, estudios pequeños y agencias que exploraban formatos de vídeo generativo, la desaparición de la app y su API implica tener que migrar a otras soluciones o replantear sus flujos de trabajo.

En el ámbito europeo, donde la regulación sobre IA y derechos de autor es especialmente estricta, la marcha atrás de OpenAI con Sora se interpreta también como una señal de que los modelos de negocio basados en contenido audiovisual generado masivamente por IA tienen que ajustarse a un marco normativo complejo. Compañías y desarrolladores de la UE deberán estar atentos a cómo se reorienta la oferta de OpenAI hacia productos empresariales y herramientas de programación para valorar si encajan mejor con los requisitos legales y de cumplimiento que marca, por ejemplo, la nueva legislación europea sobre inteligencia artificial.

Con el adiós a Sora, OpenAI cierra una etapa marcada por el experimento de llevar la generación de vídeo con IA al gran público y abre otra en la que el foco pasa claramente por los productos de negocio, la programación avanzada y la investigación en robótica. La tecnología detrás de Sora no desaparece, pero deja de ser escaparate de consumo para convertirse en pieza de fondo en la construcción de la próxima generación de sistemas inteligentes con los que la compañía aspira a mantener su posición en un mercado cada vez más exigente.

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