Cómo usar almacenamiento en la nube en Ubuntu sin complicarte la vida

Guardar documentos únicamente en el disco duro continúa siendo una opción perfectamente válida hasta que necesitamos abrirlos desde otro dispositivo, reinstalamos Ubuntu o cuando el ordenador decide dejar de funcionar en el peor momento posible. Es en esos momentos cuando recuerdas la importancia de tener una copia en la nube.
Y es que el almacenamiento online no sirve únicamente para guardar fotografías del móvil. También permite sincronizar documentos, compartir archivos y continuar trabajando desde varios dispositivos sin depender de una memoria USB. Ahora bien, en Linux la experiencia puede ser un poco diferente. Algunos proveedores cuentan con aplicaciones oficiales para Windows y macOS, pero dejan Ubuntu en un segundo plano. Por suerte, no disponer de una aplicación nativa no significa que no podamos utilizar el servicio.
El navegador suele ser el camino más sencillo

La opción más directa consiste en acceder a la plataforma desde el navegador. No hace falta instalar nada y podemos subir, descargar, organizar o compartir archivos prácticamente igual que en cualquier otro sistema operativo.
Este método resulta especialmente útil si solo necesitamos consultar documentos de vez en cuando. Abrimos Firefox, Chrome o el navegador que utilicemos, iniciamos sesión y listo. Además, evitamos mantener otro programa ejecutándose en segundo plano y consumiendo recursos.
El inconveniente es que los archivos no se sincronizan automáticamente con nuestras carpetas locales. Si modificamos un documento almacenado en el ordenador, tendremos que volver a subirlo. Lo mismo sucede cuando queremos trabajar con un archivo guardado online: primero hay que descargarlo y después asegurarnos de subir la versión actualizada.
Para un uso ocasional resulta más que suficiente. Sin embargo, si trabajamos diariamente con los mismos archivos, quizá nos interese una integración algo más cómoda.
Aplicación oficial, cuentas online o herramientas externas
Cuando el proveedor ofrece una aplicación para Linux, normalmente esta será la solución más sencilla. El programa crea una carpeta local y sincroniza su contenido automáticamente con la nube.
Algunos servicios compatibles también pueden añadirse desde el apartado de Cuentas en línea de Ubuntu. Dependiendo del entorno de escritorio y del proveedor, sus archivos pueden aparecer directamente en el gestor de archivos sin necesidad de instalar un cliente adicional.
También existen herramientas externas capaces de conectarse con diferentes plataformas. Algunas funcionan mediante una interfaz gráfica y otras desde la terminal. Estas últimas pueden parecer más complicadas al principio, pero resultan muy útiles para automatizar transferencias o programar copias periódicas.
Antes de configurar nada conviene comprobar que la herramienta utilizada sea fiable, continúe recibiendo actualizaciones y no solicite más permisos de los necesarios. Al fin y al cabo, estamos permitiéndole acceder a nuestros archivos personales.
No necesitas sincronizar todo el disco

Uno de los errores más habituales consiste en intentar subir absolutamente todo. La carpeta de Descargas, las máquinas virtuales, los archivos temporales y determinados proyectos pueden ocupar una enorme cantidad de espacio sin aportar demasiado a la copia.
Lo más práctico es seleccionar únicamente las carpetas que realmente necesitamos. Documentos, fotografías importantes, configuraciones o proyectos personales suelen ser buenos candidatos. En cambio, los archivos que podemos volver a descargar fácilmente no siempre merecen ocupar espacio online.
También debemos tener cuidado con las carpetas de desarrollo. Directorios como las dependencias de un proyecto pueden contener miles de archivos pequeños y ralentizar considerablemente la sincronización. En estos casos suele ser mejor guardar el código y los documentos importantes, dejando fuera todo aquello que pueda volver a generarse.
Y es que una sincronización más selectiva resulta más rápida, ordenada y fácil de controlar. Además, evita llenar el espacio disponible con archivos que probablemente nunca necesitemos recuperar.
Sincronizar no es lo mismo que hacer una copia de seguridad
Aunque ambos conceptos suelen confundirse, no significan exactamente lo mismo. La sincronización intenta mantener los mismos archivos en varios dispositivos. Si modificamos un documento, el cambio se replica. Si lo eliminamos, es posible que también desaparezca de los demás equipos.
Una copia de seguridad está pensada para recuperar información después de un problema. Dependiendo del sistema utilizado, puede conservar versiones anteriores y permitirnos restaurar un archivo borrado accidentalmente.
Por eso, no deberíamos considerar una carpeta sincronizada como nuestra única copia. Si un archivo es realmente importante, lo ideal es conservarlo también en un disco externo u otro dispositivo desconectado del ordenador.
La nube aporta comodidad y protección frente a una avería física, pero no evita que nosotros mismos eliminemos algo por error. Tampoco nos protege necesariamente frente a cambios no deseados que terminen sincronizándose en todas partes.
La privacidad también debe influir en la elección

Antes de subir documentación personal o profesional conviene saber cómo protege la plataforma su contenido. No todos los proveedores utilizan el mismo tipo de cifrado ni ofrecen las mismas condiciones.
Antes de elegir entre los distintos servicios de almacenamiento en la nube, merece la pena comprobar su compatibilidad con Linux, las posibilidades de acceso desde el navegador y las medidas utilizadas para proteger los archivos.
El cifrado durante la transferencia evita que la información pueda interceptarse fácilmente mientras viaja por internet. Sin embargo, el cifrado de extremo a extremo va un paso más allá y protege el contenido antes de enviarlo a los servidores, de modo que solo las personas autorizadas pueden abrirlo.
Teniendo en cuenta que podemos terminar almacenando contratos, copias de documentos personales o información relacionada con nuestro trabajo, la privacidad no debería quedar en segundo plano únicamente porque una plataforma ofrezca más espacio.
También debemos proteger la cuenta con una contraseña larga y única. Siempre que esté disponible, conviene activar la verificación en dos pasos para añadir una barrera adicional frente a posibles accesos no autorizados.
Evita los conflictos y archivos duplicados
Cuando trabajamos desde varios dispositivos puede suceder que modifiquemos el mismo archivo antes de que termine de sincronizarse. En ese caso, el sistema podría generar dos versiones para evitar que uno de los cambios se pierda.
La forma más sencilla de evitarlo es esperar a que la sincronización termine antes de apagar el ordenador o continuar trabajando desde otro dispositivo. También conviene utilizar nombres claros y no crear continuamente archivos llamados “final”, “final_2” o “final_ahora_sí”.
Si aparece un conflicto, debemos revisar las fechas y el contenido antes de borrar nada. Elegir rápidamente una versión puede provocar que descartemos precisamente el archivo más reciente.
Trabajar sin conexión sigue siendo importante
Depender completamente de internet tampoco es una buena idea. Podemos quedarnos sin conexión, tener problemas con el proveedor o necesitar un documento justo cuando el servicio no responde.
Por eso, los archivos que utilizamos habitualmente deberían permanecer disponibles de forma local. Algunas herramientas permiten elegir qué carpetas se descargan en el equipo y cuáles permanecen únicamente online. Esto ayuda a ahorrar espacio sin renunciar al acceso sin conexión a los documentos importantes.
Al final, utilizar la nube en Ubuntu no tiene por qué resultar complicado. Podemos acceder mediante el navegador, integrar servicios compatibles o utilizar herramientas externas para automatizar la sincronización. Lo importante es elegir bien qué archivos subimos, mantener otra copia y no descuidar la privacidad.
