Linux Adictos Diego Germán González  

Stallman y la impresora. El orígen de las licencias libres de software

Stallman y la impresora

Habíamos terminado nuestro artículo anterior en la década del 80 cuando el hardware había dejado de convertirse en algo sin valor comercial para transformarse en un negocio rentable, y, una de las principales proveedoras, la empresa AT&T había comenzado a cobrar por las actualizaciones a un mercado cautivo de gobiernos y universidades.


Aún hoy, cuando el uso de documentos impresos está disminuyendo, las impresoras siguen siendo un dolor de cabeza. Papel atascado, cartuchos de tinta que se acaban con sospechosa celeridad y cuestan más que un riñón, controladores que no funcionan al actualizar el sistema operativo y podríamos seguir la lista.
Cuando esto pasa, la mayoría de nosotros nos limitamos a insultar a las señoras Hewlett y Packard o a desear que el COVID se pegue una vuelta por la sede de Epson, claro que la mayoría de nosotros no somos Richard M Stallman.

Stallman y la impresora. La historia que cambió todo

A principios de los 80, Stallman era un programador veinteañero integrante del Laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Cierto día envió a la impresora láser del laboratorio, un documento de 50 páginas. Cuando lo fue a buscar, varias horas después, encontró que no solo no se había impreso su documento, si no que todavía no se había completado la impresión de un trabajo anterior.

No era la primera vez que la máquina lo obligaba a interrumpir su trabajo, por lo que se sintió tentado a hacer algo al respecto. Dado que no era experto en hardware, debería ingeniárselas para encontrar la solución de otra forma.

Contra lo que podría pensarse, no se trataba de un dispositivo obsoleto. Donada a la universidad por la Xerox Corporation, se trataba de un prototipo de la línea de impresoras que comercializaría la compañía.

Al principio todo había funcionado bien. La máquina imprimía con mayor precisión los gráficos que la que usaban antes y reducía en un 90% los tiempos de impresión. El problema, descubierto más adelante, eran los atascos frecuentes de papel.

La impresora era un diseño derivado de una fotocopiadora, es decir de un equipo que tiene un operador al lado cuando se lo hace funcionar. En el caso de la fotocopiadora, los atascos de papel no es un problema demasiado grave. Pero, para una impresora que opera en forma automática y remota constituía un inconveniente grave. A esto hay que sumarle que la impresora tenía que atender la demanda de varios usuarios.

Stallman había solucionado el problema con la impresora anterior creando un software que la monitoreaba periódicamente e informaba a cada usuario con un trabajo de impresión en espera cuando había un problema. Dado que ninguno de ellos sabía si otro había recibido la notificación, era seguro que alguien iba a ir a arreglarla.

Al tratar de hacer lo mismo con el modelo de Xerox, Stallman se encontró con que en lugar de proporcionar el código fuente bien documentado, la empresa había entregado el software de la impresora en paquetes precompilados.

Stallman aprovechó un viaje a la universidad Carnegie Mellon para hablar con un colega que trabajaba como desarrollador de productos de Xerox para pedir una copia del código fuente que le fue negada.

Hoy por hoy, el pedido de Stallman nos puede parecer fuera de lugar, pero en los 80 la norma de poner restricciones a la distribución del software era algo nuevo. Uno de los motivos por los que las empresas donaban hardware a los laboratorios de investigación informática era porque sabían que los programadores iban a desarrollar mejoras que las empresas podrían trasladar sin cargo a los clientes. De hecho, a nadie le importaba que otros tomaran un software sin permiso y les hiciera mejoras. Bastaba con que esas mejoras también estuvieran disponibles para todo el mundo.

De todas formas, tengamos en claro que lo de la impresora fue el último de una serie de acontecimientos que darían un giro a la vida profesional de Stallman. Él ya había empezado a darse cuenta del fin del paradigma que había guiado el desarrollo del software desde la Segunda Guerra Mundial, la libre disponibilidad del código fuente.

Sin poder soportar la idea de que alguna vez fuera él quien se viera obligado a negar el código fuente a otra persona, decidió que había llegado el momento de hacer algo.

Pero, eso será motivo de otro post.

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